enero 20, 2010

La educación antes de la segunda dentición

En los primeros años de vida el niño aprende a través del movimiento y la actividad sensorial a conformar y usar su propio cuerpo. Su voluntad de aprendizaje -que trae del mundo prenatal-l se expresa como impulso incontenible a la actividad y el movimiento. Toda impresión sensorial actúa sobre la motricidad. A la combinación de experiencia sensorial y actividad volitiva la llamamos imitación.


En esta etapa, aprender significa percibir el nuevo mundo con los sentidos y elaborar lo percibido, imitándolo en el propio juego. Tal como ha quedado reiteradamente demostrado gracias a las más recientes investigaciones del cerebro, esa actividad tiene un efecto inmediato sobre la formación corporal. La función de los órganos sensoriales, y con ella la maduración del cerebro, recién se desarrolla bajo la influencia de las impresiones sensoriales (Herman Haken, Maria Haken-Krell, “Erfolgsgeheimnisse der Wahrnehmung” – “Secretos del éxito de la percepción” – Berlín 1994). 


En 1907 Rudolf Steiner formuló esta noción en los siguientes términos: “Así como los músculos de la mano se fortalecen realizando trabajos que les son afines, del mismo modo el cerebro y los demás órganos del cuerpo físico del ser humano se desarrollan correctamente, si del entorno reciben las impresiones adecuadas” (“La educación del niño a la luz de la antroposofía”).